"La creatividad se aprende igual que se aprende a leer"
- Ken Robinson
Estudios actuales, como el de Méndez y Ghitis (2015), demuestran que el uso de actividades y estrategias creativas permiten desarrollar y fortalecer el pensamiento creativo, así como lograr un aprendizaje más significativo. Desde la educación artística es posible promover el pensamiento creativo a través de un desarrollo progresivo a lo largo del periodo educativo (Larraz, 2013) a partir de las acciones y metodologías llevadas a cabo por el docente. Además, las habilidades, capacidades y aptitudes que se desarrollan a través de la asignatura de Educación Plástica, Visual y Audiovisual (tales como la imaginación, la originalidad, la sensibilidad, la expresión y la comunicación) son esenciales para desarrollar los sentidos de creatividad (Pérez, 2015).
Pero a través de este desarrollo creativo, no se va a incidir únicamente en una mejora de las habilidades creativas, sino que se producirá un efecto en otros constructos relacionados con ella, y a su vez, con el proceso de enseñanza aprendizaje. En primer lugar, cuando se desarrolla la creatividad, se desarrollan también las habilidades cognitivas y metacognitivas (López, 2008), y esto influye a su vez en el rendimiento, la motivación y los estados afectivos (Amabile 1996; Halpern, 2013; Miele y Wigfield, 2014; Franco, 2006).

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